El espejo
Cuando se miraba en el espejo, veía en verdad la fealdad inexistente. La mente puede hacer cosas peores que el dolor de la carne., veía en verdad la fealdad inexistente. La mente puede hacer cosas peores que el dolor de la carne. Los habitantes de la Raedura eso lo saben y los espejos son semi-puertas a ese mundo; son como las ventanas de una casa, cada uno a un lado puede ver e interactuar levemente con el otro.
Eso es lo que todas las mañanas veía lo que no había pero si existía. Su propio ser pero no ser. Una versión dolida, machacada, muerta, de su espectro.
Y ese día no soportó la visión.
Acercó la cabeza lo más cerca posible del espejo, para producir el vaho de su respiración. “Ojala te pudras para siempre” Le dijo a ese reflejo muerto.
Y hundió la cabeza en el espejo.
Sólo pasó dos cosas:
Una: El reflejo del espejo rió, pues en un milisegundo, la ventana se convirtió en puerta y su cuerpo se transportó a la Raedura, formándose ondas en la superficie, comportándose como un líquido.
Dos: Podéis
creerlo o no creerlo, pero también ocurrió que la cabeza al hundirse se
estrelló contra lo que era un simple espejo. Ella agonizaba con la cara
partida, el cráneo abierto en el lavabo. En los trozos, pegados aún al marco y
en aquellos alrededor de una agonizante efigie sangrante; también reía el
habitante de la raedura.”

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