El Verano Silenciado
El calor de agosto en el pueblo no era un clima, era un estado mental. El aire vibraba sobre el asfalto agrietado de la plaza y el único refugio real era la penumbra del desván de la vieja casa familiar, donde el olor a madera antigua y a humedad parecía bajar la temperatura un par de grados. Hacía años que la familia no se reunía allí. De hecho, desde el año 2012, una especie de pacto de silencio invisible había cubierto los recuerdos de la juventud de los hermanos. Cada vez que alguien mencionaba las fiestas de Ruidera de aquel año, o los días de acampada junto al río, la conversación moría de golpe, desviada torpemente hacia el precio de la luz o el último partido de fútbol. Mateo siempre había sentido la incomodidad de ese vacío. Él era demasiado joven entonces para enterarse de nada, pero no lo bastante ciego como para no notar la tensión. Esa tarde, buscando unas viejas herramientas en un arcón de roble, su mano tropezó con una caja de metal con el...